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Cusco no se vende, Cusco se defiende

Como si de una extraña alineación de astros se tratara, justo cuando estoy saliendo de mi periodo de letargo, Cusco se detiene. O más bien, se despierta: los cusqueños se apoderan de sus calles, destronando al habitual tráfico urbano, y relegando cualquier otra actividad diaria al olvido -al menos, hasta mañana. Niños jugando a pelota en plena calle, vecinos regando las entradas de sus casas mientras charlan animadamente, pequeños comerciantes con las persianas a medio bajar esperando realizar alguna venta discreta, turistas arrastrando grandes maletas cuesta arriba por la Avenida del Sol, vendedores ambulantes de piña, jugos, helados, chicha o papas intentando sacar partido de la mobilización.

Recojo un folleto del suelo:

"Paro regional en defensa del patrimonio cultural.

21 y 22 de octubre 2015.

Derogatoria D.Leg.1198, por la Federación Departamental de Trabajadores de Cusco (FDTC).

Todo el Cusco en pie de lucha defendiendo su patrimonio.

Gran Mitin jueves 22 a partir de la 1.00 pm"

Como el sentimiento de cusqueña (o cusqueñista, que se les llama a los que no nacen en Cusco pero se afincan en ella) empieza a aflorar en mí, decido salir y unirme a la concentración. Me paseo desde el barrio de Santa Ana, pasando por el hoy adormecido Mercado de San Pedro, la plaza San Francisco y Regocijos hasta llegar a las calles circundantes a la Plaza de Armas, donde se concentra todo el bullicio de la ciudad. Estudiantes universitarios ondean una gran bandera multicolor al coro de "Que se vaya, que se vaya..." -popular canción de despecho en estas tierras serranas, que ya he podido escuchar en más de una ocasión- "...con todos los respetos, váyase a la mierda"; un grupo de jubilados en sillas de ruedas coronados con viseras hechas de cartón que reparten las mujeres desfilan frente a la catedral; asociaciones de todo tipo (agricultores, agencias de turismo, transportistas, comerciantes, artesanos, profesores...) hacen cola apasionadamente en la Avenida del Sol esperando su entrada a la Plaza central, mientras corean canciones de protesta.

Sigo avanzando entre la multitud, inmersa entre los cánticos del pueblo y las coloridas banderas y pancartas, hasta la arcada que rodea la plaza, donde se expone con gracia toda una serie de reclamos, fotos y noticias que atraen la atención tanto de cusqueños como de turistas (los cuales irremediablemente se han quedado sin su visita al Machu Picchu). "Ollanta, mentiroso, traidor de la patria, todo el Cusco te repudia."

Permítaseme un inciso sobre el panorama político peruano: desde el 2011, gobierna Ollanta Humala, militar retirado y líder fundador del Partido Nacionalista (PN), como alternativa al modelo capitalista prometiendo una reforma de corte social que no se llevó a cabo. Ahora, a unos pocos meses de las elecciones generales de 2016, promulga el Decreto 1198, por el cual mediante "convenios de gestión cultural" otorga a entidades públicas y privadas la administración, restauración, exhibición, difusión y/o puesta en valor sostenible, incluyendo la administración de servicios complementarios sobre los bienes culturales de la nación, vulnerando con ello el mandado constitucional que dice que el patrimonio cultural de la nación es parte y derecho de la soberanía nacional. Hablando claro: quiere permitir la privatización de todos los yacimientos arqueológicos, incluyendo el Machu Picchu, a cambio probablemente de una cuantía de dinero. Machu más caro y de pago para todos (hoy día los cusqueños entran gratis los domingos), transportes privatizados, y dinero que ya no irá a parar a la región.

Otro cartel en el colectivo El Muro dicta: "Hace más de 500 años vinieron por el oro, plata, después se llevaron las semillas, ahora quieren las tierras y también quieren adueñarse de nuestra historia, de las construcciones de nuestros abuelos incas. Fuera LAN Chile, Perú Rail, Telefónica, Movistar."

Pues eso: Cusco no se vende, Cusco se defiende.

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